Retos pendientes en la educación inclusiva

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Es un hecho. Las personas con discapacidad, en términos generales, tienen menos formación que el resto de la población. Según datos del Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de trabajo en España (ODISMET), 1 de cada 4 personas con discapacidad no tienen más estudios que la primaria. Esta cifra triplica al de las personas sin discapacidad (1 de cada 12). Del mismo modo ocurre con los estudios superiores. Solo el 16,8% de las personas del colectivo poseen estudios superiores frente al 33,3% del resto de la población. 

¿Es que las personas con discapacidad tienen menos dotes para el estudio? ¿Es una casualidad estadística que recae precisamente en las personas sin discapacidad? ¿Es culpa de ellos y ha de atribuirse a una responsabilidad meramente individual? 

Es un hecho. Las personas con discapacidad tienen menos oportunidades para acceder en igualdad de condiciones a la formación. Aquello que para la mayoría de los alumnos supone un estímulo (por el aprendizaje, por el desarrollo de las relaciones sociales) para los jóvenes con discapacidad –especialmente discapacidades graves- supone una lucha constante. Es la lucha contra un sistema educativo que en ocasiones presenta déficits de accesibilidad y que, aunque va presentando avances en materia de inclusión, sigue presentando muchas escenas discriminatorias y que menoscaban el derecho de las personas con discapacidad a recibir una formación en igualdad de oportunidades que el resto de la ciudadanía.  

El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) ya denunció que muchas veces son las propias familias de los estudiantes con discapacidad quienes tienen que sufragar los gastos de su apoyo educativo., lo que al final supone una carencia a este apoyo y una desigualdad al permitir que la calidad educativa que reciba un alumno dependa del nivel de renta de sus familias. Existe una falta de identificación del problema, lo que termina derivando en recursos insuficientes. No solo hablamos de recursos monetarios, también es importante cómo el profesorado aborda la gestión de la diversidad en el aula y que reciban formación acerca de la realidad de las personas con discapacidad y la solución no pasara siempre por la segregación en colegios especiales, tal y como denunció un Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU el año pasado

Además, en muchas ocasiones, son las propias familias las que inconscientemente alejan a los jóvenes con discapacidad de un normal desarrollo educativo por intentar procurarles un bienestar a través de la sobreprotección. Al final, acaba inculcada la contraproducente y peligrosa idea de que es mejor no enfrentarse a retos que puedan desembocar en un fracaso. En este contexto se puede entender que se produzca un agotamiento que en muchas ocasiones desemboca que el alumno con discapacidad no quiera continuar su desarrollo formativo y desista acceder a estudios superiores que suponen un elemento diferencial a la hora de acceder a puestos de trabajo cualificados.  

Inclusión educativa

Motivos para el optimismo en la inclusión educativa 

Pese a todo lo argumentado anteriormente, hay motivos para ser optimistas. El avance en inclusión ha sido muy significativo en las últimas décadas y todo apunta que seguirá evolucionando para las próximas generaciones. Hay cientos de ejemplos de personas con discapacidad que finalizan estudios superiores pese a las dificultades. En la Fundación Integralia trabajan varias personas que decidieron desarrollar su carrera formativa y que han de servir de ejemplo para los demás. Todas estas personas tienen un denominador común: el empoderamiento. Confiar en las capacidades de uno mismo es uno de los elementos clave para el éxito en la formación, algo que muchas veces las misma personas con discapacidad no tienen por diferentes motivos, pero especialmente por la sobreprotección familiar. Hay que erradicar el “no vas a poder” de nuestro vocabulario, porque a veces el auténtico factor limitante se encuentra más en nosotros mismos que en nuestro entorno.  

También es una demostración de que la sensibilidad acerca de la igualdad de oportunidades formativas para las personas con discapacidad está aflorando en las instituciones educativas y que ya se ha trazado una línea sobre la que seguir avanzando.  

Apoyo de las entidades sociales 

La Administración Pública, en su intento de garantizar la igualdad de oportunidades para toda la ciudadanía, ha de tomar conciencia de los desafíos que aún quedan en materia de inclusión y necesariamente apoyarse en las entidades del tercer sector social de la discapacidad para hacerlo. No podemos esperar reducir la brecha en el empleo, la brecha salarial, si no comenzamos a construir unos cimientos sólidos que sostengan los derechos más fundamentales de las personas con discapacidad. Desde la Fundación Integralia entendimos desde un primer momento que recuperar esta formación, que devolver esas herramientas negadas a las personas con discapacidad a lo largo de su vida, era fundamental si queríamos cumplir con la inserción laboral de personas con discapacidad. Y es por ello que en 2013 hemos impulsado la Escuela Integralia para generar oportunidades formativas que posteriormente se transforman en oportunidades laborales.  

Estas semanas, y con el comienzo del curso escolar, es buen momento para recordar los desafíos pendientes.  La inclusión en las escuelas, institutos o universidades ha mejorado mucho a lo largo de todos estos años, pero aún nos quedan retos que resolver si queremos una sociedad que garantice el derecho a la formación de las personas con discapacidad en igualdad de condiciones que los demás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cristina González Hipólito 

Directora de la Fundación Integralia

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