El duro día a día de la discapacidad en India

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Mónica Arazo llegó a Anantapur, lndia, un febrero de 2017. La India es uno de esos países intensos y apasionantes donde no todo el mundo consigue vivir durante dieciocho meses. Hasta septiembre de 2018, su trabajo ha cosechado resultados muy buenos en cuanto a inserción laboral de personas con discapacidad. La alianza de la Fundación Integralia DKV –representada en nuestra cooperante Mónica Arazo- con Rural Development Trust (RDT) -la contraparte de la Fundación Vicente Ferrer en India- ha conseguido formar a 594 personas con discapacidad, de las cuales 334 fueron contratadas. En total, el proyecto ha tenido 856 beneficiarios porque, además de personas con discapacidad, también se ha trabajado con colectivos en riesgo de exclusión social, mayoritariamente mujeres jóvenes pertenecientes a las castas más bajas y tribales.

La Escuela Profesional de Anantapur forma parte de una las áreas de actuación de Rural Development Trust (RDT): la educación. Allí la Fundación Integralia, a través de su cooperante Mónica Arazo, consiguió incluir dos escuelas formativas más para personas con discapacidad -además de otros colectivos vulnerables- donde se realizan cursos de seis meses con formaciones en idiomas, informática, talleres de desarrollo profesional y de búsqueda activa de empleo. La idea es sembrar el modelo de inserción laboral que tiene Integralia, como estamos haciendo en otros países como Perú y Colombia. Un modelo donde la formación y el constante acompañamiento son clave. “En la Professional School adquieren un desarrollo que les permite obtener trabajo en ciudades cercanas (no hay que olvidar que la zona de actuación del proyecto es eminentemente rural y con escasa actividad económica) y con ello mejorar su calidad de vida”, nos cuenta Mónica.

La realidad de las personas con discapacidad en la India es desoladora, provengan de donde provengan las cifras. El último censo nacional de 2011 estableció que la población con discapacidad en la India era de 21 millones de personas. Sin embargo, otras instituciones supranacionales como el Banco Mundial estiman que pueden llegar a los 80 millones, 25 veces la población de Madrid. Casi dos veces la población de España. Además, según un informe del Banco Mundial, el 75% de este colectivo vive en zonas rurales.

Lejos quedaron los tiempos donde los niños que nacían con una discapacidad eran abandonados en el bosque o arrojados al rio sagrado Ganges. Aun así, las personas con discapacidad siguen sufriendo un gran estigma que les impide desarrollarse personal y profesionalmente con normalidad. De hecho, todavía existe la creencia de que las personas tienen una discapacidad por los errores cometidos en vidas anteriores, de modo que se adopta una actitud conformista –me lo merezco– donde todas la barreras que impiden la normalización de su diversidad quedan justificadas.

En otros casos, tal y como ocurre con la película Slumdog Millonaire, se provoca una discapacidad a niños o jóvenes para que sean objetos de lástima y su mendicidad consiga “mejores resultados”. Pese al avance legislativo acaecido con la aprobación de la Ley sobre los Derechos de las personas con discapacidad en 2016, la situación de las personas con discapacidad sigue siendo penosa en muchas ocasiones. Vicente Ferrer fue un visionario y apostó desde su llegada a India por las personas con discapacidad física, intelectual y/o con probleas de salud mental consiguiendo que su Rural Development Trust sea una Fundación muy reconocida en toda India por su trabajo en este campo.  Y este fue el escenario que se encontró Mónica Arazo en su llegada.Una formación en la Professional School

 

Esta es una situación que se agrava en la zona de actuación del proyecto. La ciudad donde se sitúa la Professional School es Anantapur, ubicada al sur de la India y en el Estado de Andhra Pradesh, una de las regiones más pobres del país. Las oportunidades son escasas y además existe un fuerte enraizamiento cultural que en ocasiones dificulta aún más la labor de luchar por la inclusión laboral de las personas con discapacidad. Es por ello que uno de los grandes trabajos que tienen que desempeñar las entidades sociales que trabajan con personas con discapacidad es, en primer lugar, la sensibilización.

El choque cultural en la India es evidente. Según nos cuenta la misma Mónica, ya afincada en Madrid, uno de los mayores retos que ha supuesto su experiencia en la India fue la de sensibilizar a las familias de la importancia de la formación, no solo familias de las personas con discapacidad, sino también de las mujeres. “La sensibilización tiene que ser continua. Hay muchas mujeres que comienzan a trabajar, pero luego el padre dice que les va a casar, y lo abandonan. Normalmente no les dejan terminarlo. Luego las propias mujeres también quieren abandonarlo por casarse. La herencia cultural está muy arraigada. Por ejemplo, Ramadevi, que ahora está trabajando, lo dejará el año que viene para casarse. No lo pospondrá más”.

¿Quién es la persona que estuvo detrás del proyecto?

A ojo mide metro setenta. Vive la vida como si fuera una perpetua aventura. De hecho, ella misma se cataloga como la eterna viajera. Ya ha estado en América Latina y la India, impulsando proyectos sociales. Cuando se le pregunta por las incomodidades de vivir tanto tiempo en un país como la India, responde como una gallega: con otra pregunta.

– ¿Qué incomodidades?

– Digo yo que alguna habrá ¿no?

– Bueno… a veces van 20 personas subidas a un Rickshaw, teníamos que ducharnos con un cazo, aguantar 40º todos los días, los mosquitos, pero sin duda la comida fue lo peor del viaje. Eché mucho de menos las berenjenas rellenas de mis padres. Y también algún que otro “bichito” hemos cogido. Pero nunca me supuso una incomodidad. El color, las sonrisas, la felicidad de los niños, de vivir de una manera minimalista… de no necesitar nada más… es una forma muy bonita de vivir. Y además la India nunca te deja de sorprender. Siempre estás aprendiendo cosas y te vas con la sensación de que por mucho tiempo que pases allí –por idioma, por cultura- nunca les llegarás a entender del todo.

Mónica Arazo junto a una mujer de la India

¿Cómo vuelve una persona que lleva tanto tiempo en la India?

Cambiada. Al menos un poco, cuando se reencuentra con lo que era su vida habitual. “A veces noto que vengo de un ambiente muy solidario y me está costando un poco Madrid. Cuando llevas tres semanas aquí al final acabas corriendo por el metro… Tengo ganas de irme de nuevo. No me gustan las capitales”.

Mónica vivía en el Campus de la Fundación Vicente Ferrer. Está muy agradecida por el trato que recibió allí. “Las personas que estaban en la cocina nos hacían muchas veces gazpacho para que nos sintiéramos como en casa. En realidad el gazpacho que hacían no se parecía mucho al que tenemos aquí, pero ese tipo de detalles los aprecias mucho cuando estás fuera de casa. Son un encanto. Nos trataron increíblemente bien. Los voluntarios que estábamos allí –en su mayoría españoles- éramos los únicos blancos. Se hacían selfies con nosotros por la calle. Son personas muy hospitalarias”.

Ahora Mónica está trabajando en próximos proyectos desde Madrid: Sudeste Asiático, América Latina, África… El mundo ofrece muchísimas posibilidades. Solo hace falta una oportunidad, un contacto, un socio, y en menos de lo que tardas en abrir y cerrar los ojos, tendrás a Mónica a cientos o miles de kilómetros de su hogar, ayudando a personas con discapacidad y echando de menos las berenjenas de sus padres.

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