Julius Pallo: “tuve suerte de que solo me cortaran un brazo”

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Julius Pallo Kano es víctima de guerra del conflicto armado que hubo en Sierra Leona entre los años 1991 y 2002. Trabaja en la Fundación Integralia (centro de Sant Just Desvern) desde 2014 y comparte con nosotros el duro camino que lo ha llevado hasta aquí. 

Kano significa en Sierra Leona algo a lo que temer. Por eso a Julius su familia le puso ese apellido, porque quizás temerlo era la única forma de que no muriera poco tiempo después de nacer, como había pasado con todos los demás.

Julius Pallo Kano nació en un pequeño pueblo llamado Binkolo, en 1988, tres años antes de que estallara la guerra. La historia de Sierra Leona es la historia de África, la del saqueo, la de la división de clanes y de tribus en el postcolonialismo y el del enfrentamiento armado entre unos y otros bajo la mirada atenta de occidente, que decide quién es bueno y quién es malo en función de los intereses económicos y de los vientos políticos que soplen en el momento.

De todos modos, estos vientos a Julius le pillaban lejos, lo suficiente como para no saber si era buena o mala la guerrilla del Frente Revolucionario Unido (FRU) que aquel día entró en su casa y, en nombre del país, de sus habitantes y de la libertad que merecen, asesinó a su familia mientras a él, que entonces tenía 12 años, le cortaron el brazo izquierdo.

Porque alguien tenía que transportar el miedo.

En Binkolo aquel día violaron mujeres, mataron hombres y secuestraron niños. Julius tuvo suerte. Desapareció su brazo pero vio amigos de la infancia desaparecer enteros ellos para no volver nunca más, para ser entrenados en el más puro de los odios. “Hacían lo primero que se les pasaba por la cabeza. Si se les pasa matarte, te mataban, si quería secuestrarte, te secuestraban, si se les pasaba cortarte un brazo o una pierna, te la cortaban. Tuve suerte de que solo me cortaran un brazo”.

Julius en una calle de Barcelona

Julius venía de familia humilde, pero fue más humilde aún tras el asesinato de su familia y la amputación de su brazo. ¿Qué es un hombre sin un brazo en Sierra Leona? Un atrezzo de las calles por las que transita, calles que durante meses apilaron cuerpos en caminos polvorientos y pudriéndose bajo el sol. “Si tú tienes discapacidad ya no vales nada. Eres como basura. Veías a muchas personas con discapacidad. Entre ellos yo, durmiendo y pidiendo en la calle para sobrevivir”, cuenta. La pregunta es obvia, tanto que avergüenza. Es una pregunta que no es para Julius, sino a cada uno de nosotros. ¿Qué haríamos en esa situación?

– ¿Robaste, Julius?

– Nunca he pensado en robar. A mí me robaron un brazo y yo no iba a robar a los demás. Yo no voy a quitarle algo a una persona que ha trabajado duro para tenerlo. No está bien.

Por entonces Sierra Leona exportaba diamantes que iban a parar a grandes firmas de joyerías londinenses y neoyorkinas. La historia de Sierra Leona es la historia de África: la del saqueo de la tierra, arrancando de sus entrañas piedras por valor de hasta más de 1.400 millones de dólares anuales (en 2013 alcanzaron este récord) y que nunca sirvieron para mejorar la vida de la gente que la habita. O al menos no la vida de Julius, que siendo adolescente vivía en casa de amigos y ganaba algunas monedas mendigando por las calles de Freetown. La ciudad libre es aquí un sarcasmo cruel. Porque quien es pobre no puede ser libre. Con la entrada del nuevo milenio, Julius se despertaba cada mañana pensando qué iba a comer y cenar ese día.

Ser libre es levantarse por la mañana y tener miedo al efecto 2000 o a las escaleras mecánicas o a atragantarse con el hueso de una aceituna. El miedo al hambre, eso es otra cosa.

Pero no ser libre.

En Freetown, la capital de Sierra Leona, Julius conoció un equipo de fútbol. Era -es- una asociación deportiva para víctimas de la guerra. El equipo realizaba torneos internacionales para captar fondos. “Era una manera de que las víctimas estuviéramos juntas y pudiéramos ser un poco más felices”. Una Fundación de Estados Unidos les financiaba algunos viajes: Brasil, Perú, Estados Unidos… viajes a los que Julius nunca iba. Un día estuvo a punto de dejarlo, pero entonces se le acercó el entrenador y le dijo:

– Vamos a España a jugar. ¿Quieres venir?

***

 

Julius y el fútbol

Es julio del año 2010. La selección española de fútbol empieza a jugar en Sudáfrica un mundial que ganaría semanas después. Julius está en una habitación de hotel en Barcelona mirando cien euros. El día siguiente sale su vuelo a Sierra Leona. Ha sido un viaje agradable. Ha estado en Burgos, Madrid, Cádiz y Barcelona, jugando a fútbol con su equipo. El viaje tiene una pequeña recompensa de 100 euros. “Me imaginé cambiando dinero en mi país. Miraba los cien euros y pensaba ¿qué hago con esto? No era mucho dinero. Fui a Decatlón a comprar ropa, pero me di cuenta de que me daría solo para un par de cosas. Volví al hotel sin comprar nada. Entonces hablé con un compañero del equipo”. Tras una breve charla -donde irás, qué vas a hacer, aquí no tienes familia- Julius toma la decisión definitiva: se queda.

– Cuida de mis cosas- fue lo último que le dijo.

Y entonces cogió una mochila, una chaqueta y salió del hotel, tragado en la oscuridad de Barcelona. La vida de Julius fue un periplo que duró años, hasta que la Fundación Integralia le dio su primera oportunidad para tener un empleo. Ahora lo ve todo con una óptica diferente. “Tienes que mirar otras perspectivas, otras culturas. Si estás en el mismo sitio nunca serás mejor. Si ves otras culturas, otra gente, vas a acabar comprendiendo que la vida es muy diversa”. Su asilo se renueva cada cinco años hasta que le den la nacionalidad definitiva.

Julius jugando a fútbol

Hace mucho que no escucha nada sobre Sierra Leona. No sabe. No quiere saber. De momento Julius quiere seguir haciendo su vida aquí. Ahora recuerda cómo llegó a la Fundación Integralia, hace cinco años. “Fue la Fundación Exit la que me dijo que Integralia daba oportunidades de empleo a personas con discapacidad. Hice una entrevista y al día siguiente me llamaron. Me dijeron ‘ya puedes venir a hacer la formación (en la Escuela Integralia) para empezar a trabajar’. Era el primer trabajo que tenía en mi vida. Mi primera llamada fue un desastre. Estaba muy muy nervioso. Con mucho miedo. Pero poco a poco fui mejorando. Aquí hay buena gente, todo el mundo me ayudó. Estoy feliz. Ya no dependo de nadie y puedo hacer mi vida”.

 

CIFRAS DE LA GUERRA DE SIERRA LEONA

Cifras Guerra de Sierra Leona

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