Día de San Valentín también para las personas con discapacidad

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Hablamos constantemente de las barreras impuestas a las personas con discapacidad. Existen multitud de estudios hablando sobre estas barreras: en el ámbito laboral, formativo, accesibilidad, etc… pero muchas veces pasan inadvertidas las barreras que también existen en las relaciones afectivas. Los mismos prejuicios que dificultan que una persona con discapacidad (especialmente si la discapacidad es grave) pueda acceder al mercado laboral son los mismos que se encuentran para acceder a una relación afectiva. La Fundación Integralia no solo es una ventana para ver como las personas con discapacidad accedemos al mercado laboral, sino también para ver cómo nos enamoramos, nos emparejamos, tenemos hijos y vivimos una relación afectiva igual que todos los demás. 

Javier de Oña

Javier: “A los 25 años tuve un accidente que me provocó una tetraplejía a nivel C5-C6 motora y nivel C4/C5 sensitiva. Yo tenía novia. Al final el amor se fue anquilosando y juntos tomamos la decisión de convertir lo que teníamos en una bonita amistad que dura hasta hoy. Me veo con ella todas las semanas. Es una persona muy importante de mi vida. Simplemente ya no funcionaba. A veces sentía que teníamos una relación enfermera-paciente y esto fue desgastando. Pero a día de hoy es una grandísima amiga. Años más tarde conocí a mi mujer. Eso ha sido lo más fácil del mundo; encuentras a alguien que la ves, que te ve, que te mira, que la miras, que la amas, que te ama, y todo surge con una naturalidad que te lleva a preguntar, hasta el día de hoy, que tengo dos hijos con ella. Piensas ¿es verdad o un sueño del que me voy a despertar»? Los niños son un regalo”.

Javier de Oña con su mujer

Juan y María (nombres ficticios)

María: Yo tengo espina bífida. Nos conocimos en un chat. En el chat de terra. Justo Juan estaba buscando trabajo. Recuerdo que comenzamos a hablar en diciembre y en enero ya lo tenía aquí en Integralia.

Juan: Fue entonces surgiendo una bonita amistad. Al final yo entré en Integralia y al ser nuevo también te vas apoyando en la gente que conoces. Y como conocía a María me iba a tomar con ella el café, a desayunar o a comer. Fue así como surgió el amor, poco a poco, y gracias a un chat de Terra.

María: Ahora llevamos ya un año y medio y la verdad que estamos muy felices. Esperamos que dure mucho tiempo.

Marta Gámez y David Sánchez

David: Yo entré a Integralia antes que Marta. Yo soy formador en Madrid y le tuve que formar. Luego estuvo tres meses de prácticas conmigo y ahí nos fuimos conociendo más. Luego con los compañeros en Madrid solemos hacer muchas cosas. En verano en ocasiones vamos todos juntos a tomar una cañita. Teníamos muchas cosas en común, unos puntos de vista muy parecidos.

Marta: Pues ahora ya llevamos cuatro años juntos. El 12 de octubre empezamos a salir y el pasado 20 de octubre nos casamos. ¿Qué quien pidió matrimonio a quién? Pues David. Fue en casa. En una comida familiar por mi cumpleaños. Me pidió la mano delante de toda mi familia. Qué vergüenza pasé. Pero me sentí muy feliz.

David: Después de las prácticas la acabaron sentando conmigo. Una vez le cogí la mano y me la quitó.

Marta: No, ¡no te la quité!

David: Sí, sí que me la quitó. Ja, Ja. La segunda vez que le cogí la mano ya sí que no la quitó. Entonces hablábamos mucho por whatsapp. La primera vez que le envié un whatsapp me preguntó ‘¿quién eres?’. Imagínate el chasco. ¿Tú has visto los ojos de Marta? Cómo no me iba a enamorar….

David y Marta

Elena Jacinto

«Yo tuve un accidente y me quedé en silla de ruedas a los 16 años.  Encontré a mi actual pareja en la playa. Él es uno de los asistentes que ayudan a las personas con discapacidad a entrar al agua en Nova Icària, una playa de Barcelona. A mí me encanta la playa y voy mucho, entonces al final se va estableciendo un cariño, casi sin querer. Casi sin darme cuenta empecé a salir con ese chico que me ayudaba a entrar en el agua. La discapacidad no fue un problema para establecer una relación amorosa y él siempre vio en mi algo más que una silla de ruedas, que parece que es muchas veces lo único que se ve. Aunque muchas veces depende la actitud de uno mismo en hacer que vean en ti más allá que un silla de ruedas. Ahora estoy embarazada de siete meses y la verdad que estoy un poco asustada, ja ja. Muchos de los miedos son los típicos de una madre primeriza, pero también tengo un poco de inquietud en cómo me desenvolveré con mi hija y la silla de ruedas. Tengo muchas ganas de descubrir ese otro amor, que es el que siente una madre con su hijo». 

Elena embarazada

Eva Arroyo y Xavier Romero

Eva Arroyo: Yo llevo en Integralia desde que comenzó su actividad, en el año 2000. Yo antes tenía una pareja que también conocí en Integralia. Estuve con ella nueve años. Al final, por motivos que no vienen a cuento, lo acabamos dejando. Él se fue de la Fundación y entonces vino Xavi. Fue un pesado ja, ja.

Xavier Romero: Dejé unos meses de “luto” y luego pues me fui acercando. Ya éramos muy amigos antes de empezar a salir. Ella decía ‘¡no salgo con mis mejores amigos, Xavier!’ pero al final aquí estamos. Ya llevamos siete años juntos.

Eva Arroyo: Íbamos mucho a desayunar y comer juntos. Luego por whatsapp estuvo un tiempo insistiendo en que saliéramos. Pero yo es que no quería salir con mis mejores amigos. Pero lo cierto es que me gustaba. Al final terminé quedando con él. En un restaurante de Gavá nos dimos el primer beso. Y a partir de ahí comenzamos a salir.

Xavier Romero: Los amigos de mis padres no se lo creían. ‘Mi hijo se casa’. Y a ellos les parecía igual de extraño que si fuera a Marte. A la boda fueron muchos invitados de Integralia. Podía haber sido patrocinada por una ortopedia. Menudo cuadro, ja, ja.

Eva Arroyo: Nadie en Integralia lo sabía. Como siempre fuimos buenos amigos seguíamos actuando con normalidad, por lo que no levantamos ninguna sospecha. Un día subimos una foto a Facebook dándonos un beso. Qué pesadilla. Todo el día con el móvil vibrando y recibiendo notificaciones. Recibimos mucho cariño de la gente.

Xavier Romero: Yo prácticamente no había tenido relaciones. Siempre fui muy positivo a la hora de pensar que algún día encontraría a la mujer de mi vida. Hay mucho desconocimiento por parte de la sociedad. En todos los ámbitos existe cierto “rechazo” y esto también ocurre en el ámbito afectivo. Yo quiero tener una vida normal. ¿Por qué no iba a poder enamorarme y tener una pareja?

 

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