Beneficios del empleo en las personas con discapacidad

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La calidad de vida de las personas con discapacidad mejora si tienen empleo

El testimonio de Felisa ejemplifica cómo el empleo nos reporta multitud de beneficios (no sólo el dinero)

 
 
 

El empleo va mucho más allá de una retribución económica. Se ha de entender como un aspecto fundamental en la constitución de un individuo. Tiene beneficios invisibles, quizá no tan materiales como el dinero, pero que son indispensables para mejorar la calidad de vida de las personas, especialmente de las personas con discapacidad.

La sociedad funciona como una rueda. No hay términos medios. O giras a la misma velocidad que ella o directamente te quedas fuera. El eje de la rueda es en muchas ocasiones el empleo. Articula otros aspectos esenciales de la vida y carecer de él es transitar por el lento e inexorable camino del ostracismo. Es transitar hacia la soledad, el hastío la depresión el abatimiento y la pérdida de salud.

Primero tenemos que vencer nuestra propia discapacidad, pero luego, la lucha más encarnizada, es vencer el estigma que pesa sobre ella

Las personas con discapacidad tienen una doble lucha. Primero tenemos que vencer nuestra propia discapacidad, pero luego, la lucha más encarnizada, es vencer el estigma que pesa sobre ella. Y entre que entramos y no entramos a esa rueda nos vamos deteriorando. Un buen ejemplo es la historia de Felisa Castro.

La vida a veces es increíblemente metafórica.

El pozo de Felisa Castro 

Un día te despiertas de la cama y lo que menos esperas es que tu vida cambie para siempre. De la forma más inesperada. Metiendo la pierna izquierda en un pozo mientras caminas por la calle. Esto le pasó a nuestra compañera Felisa Castro, de nuestro centro de El Prat, cuando en 2011 ese pozo se interpuso en su camino. Luego vinieron tres operaciones distintas. Una por el tobillo, otra por la tibia, otra por la rodilla. Tres años deambulando entre salas de rehabilitación y diazepanes. Cuando por fin parecía acabarse el calvario llegó una osteocondritis (inflamación de los cartílagos que forman los huesos o que recubren sus extremos) en su pierna derecha, o sea, su pierna buena. A partir de ahí más complicaciones, un certificado de discapacidad superior al 33% y una pregunta evidente. “¿Y ahora qué?”.

“Para la gente como yo, que está siempre con medicación, imagina lo que es quedarte en casa: un día, otro día y otro día. Piensas que no sirves para nada”

“Yo venía de ser maestra y tenía un negocio familiar. Ya no podía hacer ninguna de las dos cosas por las piernas. Entonces pensaba qué iba a hacer yo con 50 años, con la de jóvenes formados que hay ahora. No pensaba que fuera a encontrar trabajo”. Un trabajo que tardó en llegar cuatro años desde que tuviera el accidente. Hasta entonces muchas horas en su casa, sin hacer nada, viendo las horas pasar. “No se lo deseo a nadie. Todo el día en casa. No podía hacer nada. Yo siempre fui muy activa. Y para la gente como yo, que está siempre con medicación, imagina lo que es quedarte en casa: un día, otro día y otro día. Piensas que no sirves para nada.”

La autoestima, sentirse útil, capaz, son unos de los mayores beneficios que pueden proporcionar un empleo. Nuestra directora de Recursos Humanos, Montse Mateo, opina que “el empleo consigue que la persona con discapacidad se sienta útil y que su autoestima se refuerce. Consigue que tenga una identidad de trabajo, algo que es muy difícil de obtener de otra forma”.

 Todos, en mayor o menor medida, necesitamos un proyecto de vida que nos de fortaleza y motivación. Un empleo es necesario para la integración social de una persona con discapacidad. Hay estudios que demuestran que la falta de empleo repercute directamente en la salud de una persona con discapacidad. Una persona desocupada tiende a tener ansiedad y depresión, que a su vez puede conducir a una somatización de la enfermedad. Felisa cayó en ese pozo, primero en el físico, luego en el metafórico: en el de la depresión, que la describe como una situación “a la que no se la deseo ni a mi peor enemigo”. 

Empleo en Integralia

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el de la socialización. Un estudio de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, estimó que el trabajo aumenta las redes de contactos de una persona en un 25% cada cinco años. La muestra eran personas en un grupo de edad de entre 57 y 85 años y sin discapacidad, pero sirve para hacernos una idea de la importancia del empleo en la socialización de un individuo, más aún si este tiene alguna discapacidad. Tener un empleo incide directamente en nuestro reconocimiento social. Es una herramienta fundamental para establecer vínculos y no perder la realización que nos producen las interacciones sociales. “Entras aquí (en Integralia) y conoces a la gente. Aquí se dan muchos besos y abrazos. Hay mucho compañerismo. Podría decir que Dris (toca el brazo de un chico en silla de ruedas que se sienta a su lado) es mi mejor amigo”.

Felisa nos conoció a través de una amiga. Fue en 2015, cuatro años después del accidente. Fue un camino lleno de miedos y temores. La sombra del rechazo siempre está ahí. El temor a que sea la última oportunidad bloquea y paraliza. Reconoce que fue un camino duro llegar a la Escuela Integralia (desde donde vehiculamos nuestros programas formativos). “Cuando tenía que escribir en un examen me temblaban las manos. Juan (uno de los formadores del centro de El Prat) me decía, ‘pero si te lo sabes todo, estate tranquila’. Pero yo no podía. Me bloqueaba. Al final pude sobreponerme y me fui quitando peso de encima”.

“Yo siempre digo que a mí la Fundación Integralia me dio la vida. Volver a vestirme, volver a trabajar, volver a sonreír. Sentir que formo parte de algo.”

Felisa superó esa temida pregunta: “¿podré?”. Una pregunta que nadie puede responderse por sí mismo. Se necesita antes una oportunidad para poder hacerlo. En el caso de Felisa, esta respuesta llegó el mismo día que fue contratada. Poco a poco fue viendo que sí podía y ya lleva dos años con nosotros. “Yo siempre digo que a mi Integralia me dio la vida. Volver a vestirme, volver a trabajar, volver a sonreír. Sentir que formo parte de algo.”

Claro que la retribución económica de un trabajo es importante. Permite un mayor grado de autonomía, independencia y facilita la realización de proyectos vitales. Pero no por ello debemos olvidarnos de aquellos beneficios más invisibles que son indispensables para el bienestar físico y emocional de una persona con discapacidad. Si como Felisa, eliges trabajar, no olvides que en la Fundación Integralia DKV lanzamos constantemente nuevas oportunidades.

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